Llaurant un futur sostenible siembra reflexión y creatividad para repensar nuestra alimentación

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Encuentro en El Alcornoque, para recuperar la cultura alimentaria tradicional y aprender a usar el arte para mostrar los problemas del sistema alimentario industrializado. Mira todas las fotos al final del artículo

¿Cómo imaginamos un sistema alimentario más justo, sostenible y conectado con el territorio? ¿Qué conocimientos hemos dejado atrás en nuestra relación con la tierra? ¿Y qué papel puede jugar el arte a la hora de plantear nuevas preguntas y abrir otros caminos? Estas fueron algunas de las cuestiones que guiaron el curso de formación en Arte de Acción impulsado por el programa Llaurant un Futur Sostenible, una iniciativa de la Fundación Novessendes financiada por la Generalitat Valenciana.

Durante dos intensas jornadas, 25 estudiantes de la Universitat Politècnica de València participaron en una experiencia que combinó investigación, experimentación artística y contacto directo con el territorio. En concreto, el grupo de estudiantes estaba vinculado al Máster de Producción Artística y a la asignatura de Performance, Tiempo y Experiencia Sensorial de la Facultad de Bellas Artes. El encuentro, que contó con la colaboración de los profesores de la asignatura Álvaro Terrones y Mijo Miquel, tuvo lugar en La Surera, en Almedíjar, Castellón, un espacio que sirvió de escenario para el desarrollo de las actividades.

La propuesta partía de una idea central: abordar los desafíos del sistema alimentario desde las artes vivas, utilizando la performance como herramienta para observar, cuestionar y generar nuevas formas de entender nuestra relación con la alimentación y el entorno.

Plantas silvestres comestibles

La primera jornada estuvo dedicada a recuperar saberes que, con el paso del tiempo, han ido quedando en los márgenes. De la mano de Amanda Bataller, integrante del proyecto Gastrobotánicas y especialista en etnobotánica, las participantes se acercaron al mundo de las plantas silvestres comestibles, esas especies que habitualmente denominamos “malas hierbas” y que durante generaciones formaron parte de la cultura alimentaria popular.

El taller continuó con un recorrido por el entorno para identificar algunas de estas plantas y reflexionar sobre su potencial como recurso alimentario y como patrimonio cultural.

“Una parte de la cultura alimentaria olvidada y una parte de algunas plantas silvestres que ya nos hemos olvidado de cómo utilizar en nuestra alimentación”, explicaba Alba Remolar, coordinadora de Llaurant un Futur Sostenible.

La experiencia permitió conectar con conocimientos tradicionales que hoy cobran una nueva relevancia en un contexto marcado por la necesidad de construir modelos alimentarios más resilientes y sostenibles.

Creació col·lectiva

El segundo día estuvo centrado en conocer de cerca experiencias vinculadas a la agroecología y a la gestión sostenible de los recursos. Las participantes visitaron el huerto agroecológico asociado al albergue, descubriendo cómo los productos cultivados allí forman parte de la alimentación cotidiana del proyecto. También pudieron conocer el antiguo sistema de acequias que alimenta el espacio y que sigue siendo un ejemplo de aprovechamiento colectivo y eficiente del agua.

A partir de todas estas vivencias, observaciones y aprendizajes, el grupo inició un proceso de creación colectiva acompañado por Ana Albaladejo, especialista en arte de acción y artes vivas. El trabajo culminó con la presentación de cuatro piezas de performance que transformaron las reflexiones sobre alimentación, territorio, memoria y sostenibilidad en propuestas artísticas.

Más allá de la formación artística, la actividad se enmarca en la vocación de Llaurant un Futur Sostenible de generar espacios de aprendizaje y participación que ayuden a repensar los retos alimentarios actuales desde múltiples perspectivas. Un programa que apuesta por conectar conocimiento, territorio y creatividad para sembrar nuevas formas de imaginar el futuro del mundo rural y de nuestra relación con la alimentación.

Porque construir un futuro sostenible también implica recuperar saberes, escuchar al territorio y abrir espacios donde la reflexión pueda convertirse en acción. Y, en esta ocasión, el arte fue el lenguaje elegido para hacerlo.

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